
La casa roja de Frida Kahlo abre sus puertas al alma de México

Este sábado, 27 de septiembre, la casa donde vivieron los padres de Frida Kahlo se transforma en el Museo Casa Kahlo. El espacio, conocido como “la casa roja”, invita al público a descubrir el lado más humano de la artista: la Frida de carne y hueso, la que bordaba casitas a los cinco años, la que compartía cartas con su hermana Cristina, la que pintó su único mural en la cocina familiar.
Un recorrido por la intimidad de una artista universal
La casa en la que vivió Frida Kahlo durante su infancia y juventud, ubicada en Ciudad de México, se convierte este sábado en museo. El nuevo Museo Casa Kahlo, impulsado por sus descendientes, abre sus puertas con una propuesta que busca acercar al público a la dimensión más íntima y cotidiana de la artista mexicana, emblema de la cultura latinoamericana.
El recorrido comienza con las primeras huellas de su despertar artístico: un bordado de una casita realizado a los cinco años, dibujos de paisajes lejanos reproducidos desde postales, y los trabajos iniciales guiados por Fernando Fernández Domínguez, mentor de Frida antes del accidente que marcaría su vida. También se exhiben sus utensilios de pintura y exvotos, cuyas pinceladas ya anticipaban la singularidad de su mirada.
Espacios que cuentan historias
La cocina, uno de los espacios más simbólicos de la casa, resguarda el único mural conocido de Frida Kahlo. En contraste, el sótano funcionó como refugio privado, donde la artista se aislaba para crear y sanar. Las salas del museo están pobladas de objetos cotidianos: fotografías, ropa, joyas, juguetes, perfumes, vasos y adornos que permiten reconstruir su universo afectivo.
Entre los documentos más conmovedores se encuentran las cartas que Frida intercambió con su hermana Cristina, quien fue su principal cuidadora durante las múltiples intervenciones quirúrgicas que atravesó. Estos escritos revelan una relación profunda, marcada por la ternura, la complicidad y el dolor compartido.
Un museo para sentir a Frida
Más que una exposición, el Museo Casa Kahlo propone una experiencia sensorial y emocional. “Queremos que el público sienta a Frida como era: humana, cercana, luminosa y doliente”, expresaron sus descendientes. La apertura de la casa roja no solo recupera un espacio histórico, sino que habilita una nueva forma de conectar con la artista: desde su infancia, sus afectos y sus silencios.



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